Honestamente, una experiencia sublime. Si no fuese porque me sentiría mal por no compartir esta gema con el mundo, me gustaría quedármela como mi propio tesoro! Maravilloso trato, excelente comida y un ambiente de lo más familiar y acogedor! Volveré a probar la limonada de mango que Yoger, el encantador muchacho que me atendió, me recomendó antes de irnos!